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lunes, 29 de febrero de 2016

YO NADARÉ CONTIGO EN LOS CHARCOS


Si vienes y me preguntas te contestaré que no. Que no sé lo que es el amor, ni la amistad, ni tengo constancia de qué es el término familia. Si muestro pasividad ante estos temas no me trates como un monstruo, no trates de correr, no te alejes de mí. Vendrás y me darás un beso, de eso estoy seguro, tratarás de comprenderme y me albergarás entre tu pecho. Me pondré triste, solo durante unos segundos, luego cantarás una canción que resonará en mis oídos y me quedaré dormido, como el niño que fui, como el niño que todavía soy.

_ Ahora callad, no hagáis ruido, Mario se ha quedado dormido _ ordena mi madre.

_ ¿Qué le pasa? Cada día está más raro _ dice mi padre.

_ Es un buen chico. Solo está un poco perdido.

_ Es curioso. Todos los chicos de su edad buscan una chica en la que perderse.

_ Él busca una en la que encontrarse.

_ ¿Qué fue de la última? Paola, recuerdo que se llamaba. 

_ Después de tanto tiempo acabó dejándola. Al parecer a ella no le gustaba el mar.

_ ¿Y la dejó por eso?

_ No sabía nadar, y tú ya sabes que Mario siempre se ha considerado como un pez.

_ Mira, mira cómo se le mueven los párpados. Debe de estar soñando.

Y hay una habitación de hotel que lleva mi nombre. El dormitorio está inundado. Trato de mantener el equilibrio en la barca. Pero no sé remar, lo hago fatal, no paro de dar vueltas sobre un mismo eje y empiezo a notarme un poco mareado. Una mujer abre la puerta del cuarto:

_ Hola, Mario, soy Alma y soy la chica de tus sueños.

_ ¡Corre y sube a la barca! ¡Vas a mojarte entera!

_ No importa, Mario. Yo soy la chica de tus sueños. Sé nadar.

_ Entonces ven y ayúdame a remar. ¡No sé hacerlo solo!

_ Deja de remar y salta. Nada hasta aquí. Mójate conmigo. ¿Tú también sabes nadar?

_ ¡Claro que sé nadar! ¡Soy el mejor nadador de todos los tiempos! Pero no sé si debería saltar…

_ Mario, soy la chica de tus sueños y sé que tienes miedo. No miedo al fracaso, sino miedo a la oportunidad. Ven y deja de remar en círculos.

_ ¿Me quieres, verdad?

_ No, Mario, no te quiero. Te conozco y sé que quererte es la peor manera de acercarse a ti. Tú tampoco me quieres a mí. Pero no podemos vivir el uno sin el otro. Vamos, salta, ¡nada conmigo!

_ ¡Voy a saltar! ¡Voy a saltar!

Y eso hago. Salto tan alto que al caer salpico de sangre un cuarto seco, sin agua ni mujer. Me he partido la cabeza en dos, pero eso no es lo que más me duele.

_ ¿Y por qué crees que sueñas siempre con lo mismo?

El psicoanalista me realiza siempre la misma pregunta. Ausente de respuesta, tal vez. Pero cobra por horas y callado no sirvo de mucho. 

_ ¡Es usted el especialista! ¡Debería saberlo! ¡Estoy aquí para que me ayude!

_ Está bien, chico. Túmbate y cierra los ojos. Imagínate que estás en un entierro. La gente luce bonitos vestidos negros y usa pañuelos de seda para secar sus lágrimas. Todo es tan triste. Y para colmo empieza a llover.

_ ¿Y yo dónde estoy si se puede saber?

_ ¿Tú? Mario, tú eres el muerto.

Morirse tampoco está del todo mal. Las chicas lloran desconsoladas y lamentan no haberme conocido mejor. Los chicos juegan al futbolín en el bar de enfrente. Mis padres reciben un auténtico pésame teatral.

_ Siempre fue un incomprendido. Se acercaba a mi pecho y yo le cantaba una canción. Era el único momento en el que no le sentía distante. Era el único momento en el que sentí que era mi hijo.

_ Eras una buena madre. Ambos lo éramos, pero Mario nunca entendió que le queríamos más que nadie.

_ Y vosotros no entendíais que quererle era la peor manera de acercarse a él. 

 Esta chica siempre aparece en los peores momentos.

_ ¿Y quién diablos se supone que eres tú?

_ Yo soy Alma y soy la chica de sus sueños. 

_ ¿Y por qué no lloras? Mario está muerto.

_ No puedo llorar. Solo estoy algo deprimida. No sé en qué parte de mi cuerpo se encuentra el dolor.

Se acerca Paola, la chica que dejé porque no sabía nadar. Se sienta a mi lado y me acaricia el pelo.

_ Dios mío, Mario. Qué pequeño se te ve metido en ese ataúd. Yo todavía me sigo preguntando quién eres. Nunca supe lo que pensabas, pero sé que nunca llegaste a quererme. Ni a mí ni a ninguna de esas que están llorando ahora. Por cierto, no lloran por ti, lo hacen porque se están mojando los vestidos por culpa de la lluvia. Pero, ¿a ti qué más te dará? Siempre te importó todo una mierda. No valorabas nada, ni tu propia vida. Y así has acabado.

Las gotas de lluvia siguen retumbando en los charcos. Todos tapan sus cabezas con periódicos de días anteriores y echan a correr al bar. Las chicas se juntan con los chicos. Y cada vez se juntan más. Y cada vez se juntan más.

_ Mario, nos han dejado solos. Soy yo, Alma. Venga, despierta. Sé que no estás del todo muerto.

_ ¿Cómo lo has sabido?

_ Porque soy Alma y soy la chica de tus sueños. Anda, salta de ese ataúd. No te sienta nada bien estar ahí dentro.

_ ¡Madre mía, cómo llueve! Y hay que ver lo alto que está esto. 

_ Salta, Mario. Yo nadaré contigo en los charcos. ¡Venga, chico! Yo también soy un pez. ¡Yo también soy un pez!

_ ¡Allá voy!

Y como de costumbre, el único charco que encuentro al saltar es el de la sangre de mi cabeza mojando el suelo.

_ Despierta, Mario, despierta. Creo que te has quedado dormido.

El psicoanalista me golpea la cara con la palma de su mano. Abro los ojos. Lo mejor de morirse es que al despertar cualquier rayo de luz te ilumina la vida.

_ Otra vez ese maldito sueño.

_ Está claro que la muerte no te preocupa, chico. Bien, entonces probaremos con otra cosa.

_ Adelante, señor, estoy preparado.

Se oyen pájaros de tormenta que retumban en la sala.

_ Verás, Mario. Te seré franco. Se trata de tu madre. Ha muerto.

_ ¿Será broma, verdad?

_ Lo siento, chico. Te has quedado huérfano.

Si vienes y me preguntas te contestaré que no. Que no sé lo que es el amor, ni la amistad, ni tengo constancia de qué es el término familia. Si te sigue interesando te diré que vendí mi alma al diablo por un par de relatos, que nunca lloré porque soy incapaz de hacerlo, que no sé en qué parte de mi cuerpo escondo el dolor. Me acercaré y te daré un beso, me engancharé a tus brazos y seré yo quien meza tu cabeza sobre mi pecho. Tus ojos serán presos del sueño eterno y la marcha fúnebre será tu canción de despedida. Seré tan insignificante como una mota de polvo y me agarraré fuerte a ti, como el hijo que soy, como el hijo que siempre fui.

_ Es una pena lo de tu madre, chico.

_ ¿Cómo lo haces para aparecer siempre en mis peores momentos?

_ Yo no aparezco. Eres tú el que me llama. Recuerda, soy la chica de tus sueños.

_ Dime, Alma, ¿por qué los peces no podemos llorar?

_ Sí que podemos, pero nadie puede encontrar una lágrima en el mar. 

_ Te mentí, Alma. Nunca he sabido nadar.

_ Lo sé, chico. Lo sé desde el primer día. Pero no te preocupes, tranquilo. Por cierto, me apetece darme un baño, ¿a ti no? Hay un precioso riachuelo aquí al lado.

_ ¿Me prometes que esta vez, al saltar, seguirá existiendo el río y no despertaré?

_ ¡Depende de tus miedos, chico! Trata de creer en tu oportunidad. ¿A qué le temes? Salta Mario, salta. ¡El futuro está escondido entre las olas!

Y eso hago. Salto tan alto que el mundo se me queda pequeño. 

_ ¿Qué voy a hacer ahora sin mi madre, Alma?

_ Aprender a nadar, chico. ¡Venga, ya te queda poco para llegar!

_ ¿Me prometes que esta vez no desaparecerás?

_ ¡Siempre estaré cerca de ti! ¡Te lo prometo!

Y al caer salpico de agua la vida que amargamente me rodea.  Intento nadar como buenamente puedo. No sigo un rumbo fijo y entre el relajante oleaje se oye  una melodía que me resulta familiar. Es mi madre tarareando una canción, aquella con la que de pequeño me quedaba dormido. ¡Es tan gratificante!  Sigo nadando, ya sé hacerlo, ya no hay quien me pare. Ni siquiera me doy cuenta de que Alma ya no me acompaña. Y, mira,  los árboles cada vez son más verdes, la gente no duerme en las calles, la muerte no alcanza a nadie, los parques están llenos de niños, el sol se pone más tarde. 

_ Ya está, chico. Te enfrentaste a tus miedos y los venciste _dice despertándome el psicoanalista.

_ Gracias por todo. Pero todavía queda que me enfrente al mayor de mis miedos.

_ ¿Y cuál es ese gran temor, Mario?

_ Es algo que debo solucionar yo solo.

Salgo corriendo lo más rápido posible hacia la calle. Las aceras mojadas son testigo de mi prisa. La lluvia sigue invadiendo la ciudad, pero no hay tiempo para preocuparse por el agua. 

Llamo al timbre de Paola nada más llegar a su casa.

_ Mario, ¿qué estás haciendo aquí?

_ Lo siento, Paola. Me equivoqué. No importa que no sepas nadar, es más, hasta hace nada yo tampoco sabía. No es  difícil, te lo aseguro. Yo te puedo enseñar. Nadaremos juntos en los charcos, en los ríos, en los lagos. Y si no aprendes, ¿qué más da? Lo único que quiero es que estés a mi lado. 

_  ¿Desaparecieron entonces tus miedos?

_ Desaparecieron entonces mis miedos. Paola, te quiero.

_ Yo nunca he dejado de quererte.

Nos besamos y ya parece que está amainando el temporal.   Pienso que los miedos son como los charcos y que juntos nos enfrentaremos a ellos. Abrazo a Paola tan fuerte que pierdo la noción del tiempo y me siento como un niño. En el ambiente otra vez la melodía que mi madre me tarareaba de pequeño. Cierro los ojos y me dejo acariciar el pelo. Me voy quedando dormido con la voz de Paola que aún resuena en mis oídos: "Nadaremos juntos en los charcos, Mario, nadaremos juntos en los charcos".


miércoles, 11 de abril de 2012

Efemérides efemérides

Oh amigo, oh hermano


Oh amigo. Oh hermano. Qué lindos tus ojos
y qué linda tu tristeza
Qué lindo este día que iluminas
cuando me saludas o te escabulles de la mayoría.
Qué lindos, amigo, son tus días, y mis días si son también los tuyos.
Oh hermano, qué alegría si estás vivo por las noches
y me escribes desde lejos, más allá del norte.
Qué buena, compañero, es tu casa
pues es hogar lindo como tus ojos tristes en los días vivos.
Qué alegre tu sonrisa que contamina
los recuerdos del futuro, ¡qué lindos son!
cómo alegran si es futuro fabricando enormes minorías.

Oh amigo, eres hermano que perdonas
y no debes,
pero ¡oh qué digo!
si el mundo es para ciegos y tú no ves los nubarrones.
Oh amigo, oh drugo insaciable,
que de mis labios no oirás nada
mas escribirte estos versos de madrugada
donde más vives tus noches, yo compongo
con pensamiento en ojos tristes
un lindo cancionero para tus días no tan vivos.

Qué lindo es el abril, qué alegres sus días
y si no te digo nada
en el eterno silencio sobran las palabras
donde escribo en tinta azul,
como tu sangre real, republicana a santa escala.
Y si el perdón de Dios no te es concedido,
¡oh amigo, oh hermano querido!,
yo prometo ser aquel
que te absuelva del pecado mortal
que supone ser amigo mío.

Oh hermano señor, caminante de ilusión,
oh corazón donde los haya,
amigo de las noches, ojos tristes,
qué alegría tu mirada los fines de semana.
Oh amigo, oh hermano, todo pasa y solo quedan
poemas gratuitos que cargamos en la espalda.
Oh amigo jura que si llega el día,
Dios no quiera,
se pierda  nuestra esencia,
mas sea magia y todos crean
que con la muerte,
tal vez, hayamos hecho historia.

viernes, 17 de febrero de 2012

Personajes referentes de la vida de un ratón (I)


Leila (La chica de los recuerdos)

"Quiero brindar por la amistad" Estopa

Nos habíamos hecho mayores, ese era el mayor problema de todos. Ya no teníamos quince años recién cumplidos y dejamos de abrazarnos mutuamente para ser nosotros mismos los que rodeáramos con los brazos nuestro propio cuerpo. Sí, es cierto, la ley de la supervivencia se había apoderado del cariño y de la amistad.

Pero, ¿qué quieres que te diga? Aquel día tenía que llegar. Ese día en el que Leila me contara sus problemas y yo no supiera ponerles solución. Ya no le preocupaban los amores de verano ni su comienzo sexual, ahora le atormentaba el aniquilamiento psicológico y el sufrimiento familiar al que era sometida.

¡Qué aberración! ¿Y dónde estaba yo cuando aquel hermano al que tanto quería Leila se marchó cruzando el charco desesperado? Perdimos aquella complementación que siempre nos había caracterizado y su mirada se convirtió entonces en un desierto que creí imposible descifrar. Recuerdo quiénes fuimos y lo que nunca jamás nos unirá de nuevo. Recuerdo sus lágrimas embriagadoras que derrochaba íntimamente y a las que siempre ponía fin con una hipócrita sonrisa.

Si te soy sincero tuvimos el final que tanto deseábamos. Quedamos en uno de los centros comerciales inmensos que hay a las afueras de la ciudad, jugamos al tenis con la ilusión óptica y hablamos de los pactos infinitos que manteníamos con los astros. Le conté sobre la chica con la que salía por aquel entonces (una revolucionaria adicta al chocolate) mientras Leila miraba atenta el escaparate de una agencia con vuelos a Argentina.

Lo demás fue intrascendente. Y está claro que volví a coincidir con ella, pero ya no se llamaba Leila. Le habían arrebatado la identidad y pasó a apodarse “La chica de los recuerdos”. Ocurrió cuando se cansó de las amenazas, de las pesadillas nocturnas y cuando ya le era imposible esconder su nostalgia de Argentina.

Respecto a mí, me casé con una agradable profesora de japonés y publiqué dos libros a la memoria de una Leila que quedó ciega de por vida por un intento fallido de suicidio. Sé que su hermano regresó  del nuevo continente y se dedicó a leerle mis libros cada noche. La chica de los recuerdos lloró con cada uno de ellos, pero ya no reprimía sus lágrimas, ahora las complementaba abiertamente con una auténtica sonrisa
.
Un 30 de septiembre recibí una llamada en la que Leila me proponía tomar café en algún centro comercial. Allí la volví a ver. Estaba pálida y delgada y era arrastrada por un perro lazarillo y ayudada por un blanco bastón. Recuerdo que se deshizo de sus gafas de sol para ser ella misma y me habló entonces de sus amores de verano. Comenzamos a reír tontamente con cada anécdota, porque era cierto que nos habíamos hecho mayores, pero quizás, en aquel preciso momento, ese era el menor de los problemas. 

martes, 10 de enero de 2012

Testimonios de un amor sin conclusión (VII)


Tu piel. Tu nombre. Tu calor


Es nuestra historia y nadie nos la podrá quitar. Hemos vivido todos esos momentos con una intensidad inaudita, creyendo que los superhéroes existían porque nos teníamos el uno al otro. Cualquier mañana sobreviviendo a lo vivido la noche anterior, emitiendo sonidos sordos dentro de nuestra conciencia, vibrando ante las caricias, gozando en cada instante en que mi lengua se introducía en tu piel. 

Tu piel, la vida de un cordero y la inocencia de un bebé. Tres hechos tópicos de una vida sonriente. Y ahora ya nos ves, no somos dueños de nuestro destino y nadie se acuerda de la amistad cuando se han roto tantos platos. Ahora la culpa me corrompe y créeme si te digo que en las noches, la soledad susurra las iniciales de tu nombre. 

 Tu nombre, la alegría de un enfermo y el primer amor. Tres hechos tópicos de una vida esperanzadora. Y el hecho de que pienses que en mi cabeza todo es temporal, que no exista el infinito y seas pura mercancía de una embriagadora madrugada más. Pero somos carne de cañón, y la distancia reseca mis labios, no por el frío, sino por no sentir calor. 

Tu calor, fuegos artificiales y la “tristelicidad” ardiente. Tres hechos tópicos de una vida junto a ti. Olisquear tu piel pronunciando tu nombre mientras me muero de calor. El único aroma del que me quiero embriagar cada madrugada, y ser yo quien susurre tus iniciales preso de la pasión. Porque mi locura, vieja amiga, empieza en el momento en que dejo de pensar con esa maldita cabeza que tengo, para pensar en tu piel, tu nombre, tu calor.

domingo, 3 de julio de 2011

AMISTADES PELIGROSAS

Leila (Estrella estrellita)



Yo nunca había necesitado una amistad como la de Leila, y hoy día creo que sigo sin necesitarla. “Quedas excluida como persona grata de poder compartirme en tus secretos”.  Aunque la verdad es que la quería toda para mí, porque si compartir es vivir yo prefiero suicidarme.

Cuando me envió un mensaje telepático me desperté sobresaltado. Está en peligro, no le dejan ser libre, pensé. Le contesté inmediatamente de nuevo a través de esa unión que compartíamos los dos: “Toma mis manos, cierra los puños muy fuerte y grita a la de tres”.

Meses después sentí yo la adicción de estar respirando el único consuelo que me quedaba. “Me amputan parte del corazón”, le dije mientras lloraba graciosamente. Estábamos en un parque a las afueras y una mamá llevaba a su hijo en un carrito. El niño también lloraba, y mucho más fuerte que yo. Fue en ese preciso instante cuando me morí por un carrito.

Comprendí entonces que éramos iguales pero con distinto envoltorio. Dos personajes extraídos de su película favorita. Éramos una complementación impecable, la partida perfecta de un “tetris” hecho realidad. 

Pero no todo fueron buenos tiempos amigablemente hablando. A Leila la secuestraron los fantasmas y yo encontré otros colchones en los que pegar cabezazos a altas horas de la madrugada. ¿Qué iba a creer yo en la amistad? En todo caso debería creer en los fantasmas.  ¿Me escuchas Leila? ¿Estás ahí? Joder, ¿con quién jugaré ahora a ganarle la partida a la filofobia?

Eran cosas de la edad, pero si volviera le diría que hice nuevos amigos y que me enamoré de todos ellos. Aunque me han cortado las alas y no me dejan llegar a las estrellas.  Es decir, resulta que nadie cree en lo que tengo dentro. Y quien lo cree no le importa demasiado. Estrella, estrellita ¿sabes qué pasa?  Que las cosas que más me gustan siempre me hacen llorar.  

Lo último que supe de Leila es que volvió al viejo banco de los consuelos tontos. Se había escapado de su casa con lo puesto y poco más. Ojos de hielo, alrededor de lo que alcanza su vista sabe que no existe nada más. Seguía sin poder ser libre y se comunicó conmigo. “Toma mis manos, tómalas”.

Yo lo único que necesitaba era una amistad como la de Leila, y hoy día creo que sigo necesitándola. “Nunca más vuelves a quedar excluida de compartirme en tus secretos”. Sigo con el corazón amputado: Estrella, estrellita, ¿volverás?  No me canso de repetirlo: Toma mis manos, tómalas.

domingo, 24 de abril de 2011

AMISTADES PELIGROSAS

Castellines


En fin, que ya estamos aquí un domingo más. Encima este domingo es santo, aunque de santo tiene lo mismo que yo, fijo. Y precisamente desde el fijo estaba hablando yo con una de esas líneas eróticas que te dan conversaciones por doquier, hasta que se me ha ocurrido (mira tú que casualidad) escribir sobre Castellines. ¿Que quién es Castellines?A ello voy, tranquilito.

La gente curiosa y gigante me pregunta en qué pienso al escribir. Yo me tomo mi tiempo a la hora de contestar. Masco chicle y dejo los frutos secos a un lado: "La pregunta es en qué no pienso, porque yo siempre pienso". Sí bueno, la táctica consiste en contestar algo con tan poco sentido que consiga que la gente se vaya alejando poco a poco de tu lado. Es como el miedo, por eso Castellines es un fuego artificial. Como cuando mamá decía que no había que acercarse mucho al castillo de fuegos porque era peligroso, y aquí no ganamos para disgustos.

Siempre temo a la gente que es simpática, creo que en cualquier momento acabarán conmigo. Dicen que no cuesta nada ser agradable con la persona a la que vas a asesinar. Yo que sé, yo también tengo derecho a ser una víctima de la metaficción. Aunque aquí perjudicados somos todos. Castellines está sola y triste en una oscura habitación, y te espera a ti, Rey de Grandes Soberanías Marsupiales, para que te entregues a ella a través de la debilidad de tus arterias celíacas, y os emborrachéis de gozo empapados en una gran diarrea blanquecina. No temas Gran Rey, es guapa y lista como un buen perro Lulú de Pomerania, y viste elegante, sensual y atractiva con ese vestido tan ajustadito conocido vulgarmente como pijama.

Pero para gustos los olores. Como el aroma que produce un gran conejo volador. No hermano señor, no será verdad, lo de Castellines no se puede comparar. Yo tengo una rana de juguete y también lo huele todo. La bauticé como Tinki Winki para tener presente tendencias homosexuales en esta mi humilde y tan poco incestuosa familia. Hemos sufrido tanto esta represión que me duele la quijotera solo de pensarlo. Y sí, por qué no, Castellines es como de la familia, principalmente porque no la puedo ni ver, pero yo no voy de simpático campechano disparando balas como si de pezones malhechores se tratara.

Y ya, para no entrar en más milongas sobre el capitán y el marinero, recapacito y pienso que no hay nada más importante que no buscar ser importante. Da la sensación de que Castellines encuentra la vida sin que nadie sepa que la busca. Me da igual, alguien se ha perdido y se ha ido a naufragar. Se buscan peces de colores debajo del mar. Nadie la puede ver, se sumerge en la profundidad. La dirige una mujer que se le parece y le dobla la edad. Y ése, solo ése, es el único pez por el que se deja guiar.

lunes, 17 de enero de 2011

TERAPIA QUINTA


Mi amiga Forrest Gump



Si no he llorado en estos días es porque no sé dónde escondo las lágrimas que no hablan de ti. Y si lo estoy haciendo ahora es quizás porque otra ocupó tu lugar. Por eso, hoy, cuando una imagen tuya recorrió mi vista de chino mandarín, he odiado tanto ese instante que me he puesto a escribir.

Las palabras no se conducen en silencio, y Forrest Gump ha decidido entrar por mis oídos de diminuto roedor en forma de banda sonora. Tal vez sean tiempos de sueños que se cumplen, incluso aunque los cuentes, pero estoy ciego, tan ciego que incluso no veo la luz clara que tanto llegué a creer alcanzar. No me gusta que todo sea como siempre, que no haya variedad, que olvidemos el pasado que nos hizo cambiar.

Si no he soñado en estos días es porque ya no sé si quiero soñar. Y si lo estoy haciendo ahora es quizás porque un daiquirí de madrugada me enseñó que con los sueños es mejor inventar. Por eso, hoy, cuando he dibujado una sonrisa con mi boca de piñón piñonero al oír hablar de ti, he ansiado tanto estar en ninguna parte que hubiera estado en cualquier lugar.

La luz está apagada y me imagino a Forrest corriendo sin mirar atrás. Cuánto nos parecemos señor Gump, pienso. Si yo hubiera echado un vistazo al pasado, la vista adelante no auguraría un mal final. Tal vez es el perfume que no sé a dónde voló, o yo volé, buscando con mi nariz de perro labrador ese olor tan personal del que no me enamoré, tan simple como que solo era necesario para sonreír.

Si no he vivido en estos días es porque ya no queda nada para sentir. Y si estoy sintiendo ahora es, quizás, porque Forrest Gump observó a su novia marcharse de este mundo por enfermedad. Tal vez pronto deje de escribir desde un lejano lugar y todo vuelva a esa normalidad que tanto te gusta nombrar. Pero las enfermedades siempre están ahí, y a veces no se pueden superar. Yo he dejado de correr y con mis dedos de pequeña humanidad toco una imagen que añoro como un loco sideral. 

Ahora me voy a soñar, pues esta enfermedad no tiene cura, y si me dan a elegir, por favor, que esta vez no sea crónica, sino mortal.

domingo, 14 de noviembre de 2010

TERAPIA SEGUNDA.

Cuando la amistad se romantiza, se pierde al amigo en busca
del  romance. 
Cuando el romance finaliza, se pierde a la persona en busca de
un nuevo amigo. 
"No esperes que te quieran, espera que te abracen"

Amistades peligrosas.

Desde que los pájaros empezaron a sangrar con miradas inquietantes que se deshacían en las madrugadas de un servidor, no habían vuelto a ver mis ojos tal espectáculo como anteriores desdichadas atracciones sensuales.  Se trata de recuerdos que vagan en la mente de uno tan lentamente que se facilita su circulación con sonrisas rutinarias dedicadas a  una femenina ajenidad.

El pánico de la incertidumbre invade el fondo del mar provocando mareas que inundan a uno, extremándole contra vientos procedentes de lugares que conoció en aquel crepúsculo matutino. Resisten los cimientos positivos de la vida que anduvimos desafiando cuando las promesas se alejaban del odio y crecían para siempre en una amistad que dejamos atrás.

Se enfrentaba uno al infinito de las fronteras transparentes que separaban débilmente caricias desgarradoras con abrazos espontáneos en condición de terapia amigable. Se consumía uno al derretirse contra los metales ardientes de los sueños que generosos ofrecían tu visión con su característica oscura nitidez.

Crece el escepticismo de evocar soluciones que no consideramos oportunas por el recelo que nace del consenso diferente de nuestras desorbitadas mentes. Uno siente que necesita la ambición que en ti puede proporcionar, solo uno. Se suma a la lista negra alguien que destroza la ilusión vertida de brillantes enterrados con el consiguiente de ser apaleados mientras uno se carboniza en el fuego de su realidad.

martes, 21 de septiembre de 2010

Rutinas ascendentes.

LA AMISTAD.


- Hola y bienvenido de nuevo aquí. ¿Qué tal ha pasado estos días?

- Buenas tardes, un honor estar de nuevo a su lado. Han pasado dos semanas y la única conclusión a la que he llegado es que al parpadear la vida sigue estando viva.

- ¿Quiere decir que han sido dos semanas intrascendentes?

- Yo no lo definiría así, todo tiene sus consecuencias y por tanto adquiere cierta importancia.

- ¿Y qué importancia le da usted a la amistad?

- Una persona es quien es gracias a sus amigos, así que fíjese usted qué importancia debe tener.

- ¿Son entonces los amigos los mejores consejeros?

- No precisamente. Los amigos trabajan para que la vida que uno quiera emprender tenga un camino más fácil.

- ¿Y cree usted que sus amigos están haciendo un buen trabajo?

- Cuando yo no sabía ir en bicicleta, mi padre aguantaba el sillín por detrás para que yo pedaleara sin caerme. Al cabo de unos metros me soltaba para que fuera solo. A veces me caía, otras no. Hasta que llegó el día en que nunca más me caí.

- ¿Qué me está queriendo decir?

- La amistad existe cuando menos se necesita. El día que ya no necesité a mi padre para que me enseñara a ir en bicicleta fue cuando más me di cuenta de lo que él había conseguido. Mis amigos igual. Sí, hacen un gran trabajo.

- ¿Qué considera más importante entonces, el amor o la amistad?

- El uno es la complementación perfecta del otro. En el corazón de cada persona está el decidir cuál es cuál.

- ¿Le gustaría tener infinidad de amigos?

- La amistad mejor que sea minoría absoluta.

- ¿Odia usted a alguien?

- El odio es el amor desenfrenado. Aún no he llegado a ese extremo.

- Un gusto escucharle hablar. Espero verle pronto.

- El gusto es mío. Gracias y buenas noches.