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sábado, 26 de noviembre de 2011

EL ESPEJO AJENO 7

 LA LUZ CLARA



Y como ella me lo hizo, fui capaz de hacerlo. De la misma manera, en el mismo lugar, sin llegar a saber por qué. La noche se estrelló en mis ojos, y refugiándome en la penumbra de la tenue oscuridad, acometí una vida, como ella la mía. Y tras los varios deslices tatuados en mi brazo acuchillé la ausencia de silencio y quebré la piel de la humanidad acabando con aquel ser tan inocente como lo es un niño.

Alegué que no fui yo, que hacía tiempo que no lo era. Pero la inocencia se perdió, como el vigor personificado, convirtiendo la culpa en la esencia de mi mundo inerte. Parecía incierto que la realidad no fuera más que un ápice inexistente. Las agujas afiladas pasaron a formar tópico diario, orden del día que nunca cayó en el olvido.

Escribí memorias para enfrentarme al pasado: polvo blanco destrozando mis hendiduras. El mismo que apuñaló mi subsistencia y me condenó a quebrajar la utilidad individual de un ser. Descubrí que me quisieron, que siempre me habían querido, pero atenuar mi sufrimiento fue precepto inalcanzable. Descubrí que yo les quise, y les seguía queriendo, que ellos lloraban por mí, y yo lo hacía por ellos.

Pero el nombre de Clara, aludiendo al cese de la tormenta, a un nuevo amanecer laboral, a una sonrisa que destila optimismo, al encuentro con la paternidad, a la cumbre de la felicidad. Ahí estaba ella, bostezando, achinando sus ojos ante un destello de luz, destello que quedó registrado para siempre en su mirada.

Y como yo le había dado la vida, Clara fue capaz de dármela a mí.

sábado, 19 de noviembre de 2011

TESTIMONIOS DE UN AMOR SIN CONCLUSIÓN (III)


Cuando te quería


Cuando te quería los días pasaban más deprisa
 y los lunes eran una bendición.
 Cuando te quería te acostabas en mi cama cada noche
 y apagabas el despertador al alba.

Cuando te quería la lluvia en mi paraguas
 era sol en tus cortinas.
 Cuando te quería te esperaba en tu portal de madrugada,
 y si no aparecías, el mundo que nos une, se bloqueaba.

Cuando te quería te regalaba cajas de amor vacías
 para que las llenaras si te sentías perdida.
 Cuando te quería tartamudeaba
 porque soñaba que nos fundíamos entre el edredón.

Cuando te quería tu pijama parecía un vestido de noche,
 Tu ortodoncia nocturna diamantes en tus labios,
 La luz de tu mesita el sol, y tu rostro la luna.

Cuando te quería me enredaba entre tu pelo, que olía a cielo
 y nuestros besos al perderme en tu saliva, que es de hielo.
 Cuando te quería envidiaba el espejo que te desnuda
 y observa tu fragancia con excitación y fe

Cuando te quería tu voz era de cristal y la sentía por mis venas
 como sienten los católicos a Dios penetrando por su piel.
 Cuando te quería mis labios se apoyaban en tu vientre
 Y tu risa eclipsaba el romper de las olas en el mar

Cuando te quería era capaz de desgarrar mi alma y entregártela,
 Porque le pertenecías, porque mi alma y la tuya deberían de ser una.
 Cuando te quería amé tu nombre que empieza por “Ce”
 como los cerezos que crecen en la primavera,
mi deseo, también, era hacerte florecer.

Cuando te quería  solo sabía quererte a ti
 Cuando te quería no había amor para nadie más.
 Me había apoderado yo de todo ese sentimiento,
 y quererte era como abarcar el universo.

Cuando te quería te soñaba cada noche y vivía en ese sueño
 Cuando te quería juré que nunca dejaría de quererte
 Cuando te quería te quise con los sentidos y toda mi fuerza.
 Te quise con los ojos y las manos, te quise con las palabras y los hechos
 Cuando te quería eras tú y luego mi vida.

Cuando te quería, amiga mía, qué bonito fue quererte.

domingo, 24 de abril de 2011

AMISTADES PELIGROSAS

Castellines


En fin, que ya estamos aquí un domingo más. Encima este domingo es santo, aunque de santo tiene lo mismo que yo, fijo. Y precisamente desde el fijo estaba hablando yo con una de esas líneas eróticas que te dan conversaciones por doquier, hasta que se me ha ocurrido (mira tú que casualidad) escribir sobre Castellines. ¿Que quién es Castellines?A ello voy, tranquilito.

La gente curiosa y gigante me pregunta en qué pienso al escribir. Yo me tomo mi tiempo a la hora de contestar. Masco chicle y dejo los frutos secos a un lado: "La pregunta es en qué no pienso, porque yo siempre pienso". Sí bueno, la táctica consiste en contestar algo con tan poco sentido que consiga que la gente se vaya alejando poco a poco de tu lado. Es como el miedo, por eso Castellines es un fuego artificial. Como cuando mamá decía que no había que acercarse mucho al castillo de fuegos porque era peligroso, y aquí no ganamos para disgustos.

Siempre temo a la gente que es simpática, creo que en cualquier momento acabarán conmigo. Dicen que no cuesta nada ser agradable con la persona a la que vas a asesinar. Yo que sé, yo también tengo derecho a ser una víctima de la metaficción. Aunque aquí perjudicados somos todos. Castellines está sola y triste en una oscura habitación, y te espera a ti, Rey de Grandes Soberanías Marsupiales, para que te entregues a ella a través de la debilidad de tus arterias celíacas, y os emborrachéis de gozo empapados en una gran diarrea blanquecina. No temas Gran Rey, es guapa y lista como un buen perro Lulú de Pomerania, y viste elegante, sensual y atractiva con ese vestido tan ajustadito conocido vulgarmente como pijama.

Pero para gustos los olores. Como el aroma que produce un gran conejo volador. No hermano señor, no será verdad, lo de Castellines no se puede comparar. Yo tengo una rana de juguete y también lo huele todo. La bauticé como Tinki Winki para tener presente tendencias homosexuales en esta mi humilde y tan poco incestuosa familia. Hemos sufrido tanto esta represión que me duele la quijotera solo de pensarlo. Y sí, por qué no, Castellines es como de la familia, principalmente porque no la puedo ni ver, pero yo no voy de simpático campechano disparando balas como si de pezones malhechores se tratara.

Y ya, para no entrar en más milongas sobre el capitán y el marinero, recapacito y pienso que no hay nada más importante que no buscar ser importante. Da la sensación de que Castellines encuentra la vida sin que nadie sepa que la busca. Me da igual, alguien se ha perdido y se ha ido a naufragar. Se buscan peces de colores debajo del mar. Nadie la puede ver, se sumerge en la profundidad. La dirige una mujer que se le parece y le dobla la edad. Y ése, solo ése, es el único pez por el que se deja guiar.