Vidas como síndromes de Estocolmo
"Que te aporten soluciones, que te aporten sonrisas, que te aporten vida"
En las aceras, en las calles, en los parques donde los niños juegan, siempre los mismos rostros que caminan acelerados hacia ningún lugar. Locos que a sus pies inventan pantanos que empañan sus propias gafas, como si del aliento más helado se tratara.
Ocultan sus cabezas ahogando el dolor provocado por la inmensidad, como si no hubiera mañana. Piensan en los sueños que han dejado morir, cayendo en la admisión de que el presente es la única realidad. Se ven obligados a sentirse bien, como un recién llegado a un destino equivocado.
Siempre los mismos rostros que de inercia mueren entre pesadillas y rutinas. Rostros que dejan que el sol siga brillando hasta convertirse ellos en un astro más. Y de las nubes seguirá lloviendo, reencarnados en gotas que se estremecen contra el suelo como los hombres de profesión suicida.
Rostros adversos a valorar los bordillos que nos separan de los precipicios, las líneas blancas que delimitan la moral y los columpios que nos balancean el corazón. Y yo aquí, sabiendo que respiro mi última voluntad en esta habitación, sudando mis últimos espasmos en un colchón, bajo unas sábanas donde se ha creado vida. Paradójico pensar que en ellas se acabará la mía.
Aunque hoy ha sido un día perfecto, me alegro de haberlo pasado a tu lado. Un día en el que me has hecho resistir un poco más haciendo que me olvide de mí mismo, de los problemas, de que no existe solución. ¿Por qué ellos no hacen nada por sobrevivir? Yo quisiera poder continuar, ser como esos locos y estremecerme solo junto a ti. Pero ahora simplemente abrázame hasta que sea imposible que te separes de mí. Ahora abrázame para morir en paz, abrázame para vivir feliz.
