miércoles, 20 de junio de 2018


En su dormitorio, nuestro mundo es siempre mucho más intenso.

_ Oye, Mario, si no estuviéramos juntos, ¿con qué amiga mía te gustaría acostarte?

_ Laura, ¿te parece normal preguntarme esto a las tres de la mañana?

_ ¡Va! Es que no puedo dormir. ¡Contesta! ¡Contesta! ¡Contesta!

_ Está bien, está bien. Pero deja de sacudirme, que no me quiero desvelar.

_ ¡Contesta!

_ Pues no sé, Laura, ni me lo había planteado. Con ninguna, imagino, yo solo querría estar contigo.

_ ¿De verdad? Qué mono eres, Mario.

_ ¡Te tengo dicho que no me llames mono! Me fastidia bastante, ya lo sabes. Va, buenas noches.

_ Te llamo como quiero, idiota. Anda, buenas noches.

_ Buenas noches, Laura.

_ Aunque yo si no estuviera contigo, creo que me apetecería acostarme con Gastón.

_ ¿Con mi compañero de piso? ¿Pero qué dices? Pues nada, chica, no sé a qué esperas para irte con él y dejarme. Todo tuyo.

_ De verdad que te pones de un tonto cuando quieres… Solo es un suponer, no te he dicho que lo quisiera hacer. De verdad, Mario, qué borde te pones cuando tienes sueño. ¡Idiota!

_ ¿Sueño? ¡Pero cómo narices no voy a tener sueño si son las tres y cuarto de la mañana!

_ No me chilles, Mario. No, si es que ya me lo dijeron en su día: “Ese chico es un auténtico capullo, lo único bueno que tiene es que escribe”.

_ ¿Ahora escribir es algo bueno? Laura, no seas boba. Hitler escribía. ¿Eso lo convierte en alguien bueno?

_ Supongo que Hitler era bueno en lo suyo.

_ Lo que me faltaba por oír. Ahora resulta que Hitler era una hermanita de la caridad.

_ ¡Yo no he dicho eso! Solo digo que era bueno en lo que hacía, pero para nada estoy defendiendo sus actos.

_ ¡Joder! No me voy a poner a debatir sobre la moralidad de Hitler a las tres y media de la mañana.

_ Que sí, que sí. Que ya te dejo en paz. Que descanses.

De repente empieza a escucharse el ruido de las primeras gotas de lluvia impactando contra la persiana del dormitorio. El sonido es titubeante y poco a poco el ritmo de cada impacto va acelerándose y el tremendo diluvio no tarda en caer.

_ Genial, Mario. Ahora empieza a llover. ¿Estarás contento, no?

_ ¿Y yo por qué tendría que estar contento?

_ Siempre que discutimos empieza a llover.

_ Como el día aquel en el que me despertaste haciéndome cosquillas en los pies y te lancé un cojín a la cara ¡Te pusiste como una furia, Laura! Menuda discusión tuvimos.

_ Sí. ¡Y menudo diluvio universal cayó!

_ La verdad es que siempre estamos discutiendo.

_ Cierto. No sé cómo te las ingenias, guapo, pero siempre me haces enfadar.

_ ¿Yo? ¡Yo no soy el que se quiere acostar con Gastón!

_ No he dicho que quiera hacerlo. ¡Era solo una hipótesis!

_ Odio tus hipótesis, es lo que más odio de ti.

_ ¿Así? ¿Y se puede saber qué más odias de mí?

_ ¿Que qué más odio? Pues esa maldita manía tuya de decir que esto no es más que una relación pasajera.

_ Mario, nunca llegaremos a querernos. No somos como las personas normales, estamos hechos en mundos diferentes.

_ Por eso no te preocupes, Laura. Yo te odio más de lo que te quiero. Odio las posturas que pones al dormir, que tires de la sábana y me claves los codos en la cara.

_ ¡Joder! Yo también odio eso de mí. Al despertar me levanto con arañazos que yo misma me provoco. Seguramente sea por las pesadillas que tengo contigo.

_ ¿Conque pesadillas, eh? ¡Pues también odio que hables en sueños y acabes por despertarme!

_ Eso… ¿Eso también odias de mí?

_ Bueno, eso… para ser sincero… eso me gusta. Es divertido.

_ Debe de ser lo único que tenemos en común, Mario. Los dos somos divertidos. En fin, será mejor que nos durmamos ya.

_ Buenas noches, Laura. Que descanses.

_ ¡Hay que ver qué mono eres, Mario! Anda, buenas noches.

(Una hora después)

_ ¡Mario, Mario! ¡Corre, despierta, vamos!

_ ¿Qué… qué narices pasa, Laura? ¡Deja de tocarme los pies!

_ ¡Calla y mira por la ventana! Ha salido el arco iris. ¡Dios mío! ¡Ha dejado de llover y ha salido el arco iris!

_ ¿Y qué? ¿Eso es motivo para que me despiertes a las seis y cuarto de la mañana?

_ ¡Nunca entiendes nada! ¡Tenemos que salir a la calle y disfrutar! Nunca sabemos cuándo volveremos a discutir ni por qué razón, y al hacerlo ¡volverá a llover! ¿No te das cuenta, Mario? Es nuestra oportunidad. Quizás no volvamos a ver el arco iris. Venga, vístete, el buen tiempo nos espera.

_ ¡Está bien, está bien! ¡No puedo ir más deprisa! ¡Dios mío, ya lo veo! El arco iris… ¡Qué precioso está!

_ ¿Y has visto lo inmenso que es? ¡Corre, Mario, ya estoy en el portal!

_ Sí, Laura, corre, ¡es tan inmenso que casi lo podemos tocar!

_ ¡Qué feliz soy! ¡Qué feliz soy! Mario, prométeme que algún día escribirás sobre esto.

_ ¡Dios Santo, Laura! ¡Cuánto corres! ¡Me cuesta llegar a alcanzarte!

_ ¡Venga, Mario! ¡Date prisa! ¡El arco iris siempre dura tan poco! ¡Tan poco!

_ Y tan poco. Y tan poco…

En mi cabeza, nuestra vida es siempre mucho más intensa.




lunes, 18 de junio de 2018


LA VIOLACIÓN

Es media noche.
Salgo a dar una vuelta por la calle.
Me pierdo por un parque y escucho los quejidos de una joven.
Me acerco y la veo medio desnuda.
Las manos de dos imbéciles toquetean su cuerpo.
Uno se desabrocha la bragueta y apunta.
Un grito sordo les deja en evidencia.
¡Os voy a matar!, les digo.
Me abalanzo sobre uno de ellos y la joven aprovecha para escapar.
En esas los chicos se levantan y vienen a por mí.
Yo empiezo a correr en contradirección a la chica.
Ellos me persiguen.
Y así me paso el resto del tiempo.
Corriendo hacia ninguna parte.
Sin ser capaz de detener a otros animales que cometen delitos sexuales.
El otoño a la espalda y los malhechores no me atrapan.
Sé que jamás lo harán.
Que llevo demasiado tiempo huyendo.
Que yo no soy como los demás.
Que yo soy inmortal y nadie puede conmigo.
Pero hasta aquí hemos llegado.
Ya es hora de plantar cara a todo lo que me amarga.
Así que me voy a girar.
¡Que me maten si quieren!
¿Desde cuándo estamos todos tan enfermos?
Y eso es lo que hago, me giro, y ¡cuidado que vienen!
Pero al darme la vuelta, al detenerme en seco, ya no hay nadie detrás.
Estoy solo en la noche.
Las estrellas me delatan con su luz.
Hacía rato que no me seguían.
Esos gilipollas se habían escondido.
Siempre lo hacen.
Tan valientes que se creen, a veces.
¿De quién huías entonces, Mario?
¿Y por qué aún sientes ganas de echar a correr?
Me siento en la acera y suspiro.
De pequeño quería ser un superhéroe y salvarle la vida a la gente.
Y ahora estoy aquí, sin ser capaz de salvarme a mí mismo.
Así que no sigas corriendo, Mario.
Nadie puede huir de sí mismo.
Mario Miret (ocurrido en agosto de 2016)

jueves, 14 de junio de 2018


ME OPERAN DE FIMOSIS

Mi madre tiene coño.
Mi hermana también.
Alguna vez los he visto.
Muy por encima.
Así, de refilón.
Mi padre está descapotado.
Como si tuviera una capa de Flubber en la punta.
Me vienen esos recuerdos a la cabeza.
Ahora que no para de salirme sangre de la polla.
Algo ha debido de romperse por ahí abajo.
Aparte de mi corazón, que ya lo estaba.
Aparte de mi cabeza, que no hay manera.
Acabo de follar con una desconocida.
Voy borracho.
Voy drogado.
¿Por qué cojones sangras?
¿Qué diablos te pasa?
Deberías ir al hospital, me aconseja.
Yo te acompañaré, me sugiere.
No hace falta que lo hagas, le contesto.
Aunque me muero de ganas de estar con alguien.
Pero me sabe mal no acordarme de su nombre.
Soy un gilipollas.
Y yo solo lloro camino de urgencias.
Y ya no estoy tan borracho.
Y ya no voy tan drogado.
Ando perdido en la sala de espera.
El médico me dice que pase.
Vamos a tener que hacerte un pequeño corte.
Es una operación facilita.
Así que unos días después aparezco.
Anestesia local y la polla al aire.
Me bajan la piel y me baja la sangre.
Si salgo vivo de esta, me prometo no volver a follar.
Intento matar el mal trago con recuerdos.
¿Cómo pudo romperse el frenillo?
Aquella chica cabalgaba encima de mí.
¡Qué rápido lo hacía!
Yo no sentía placer.
Una semana antes Paola me había dejado.
Lo siento, Mario, me he enamorado de otro.
Por eso solo sentía rabia.
La desconocida saltaba y yo levantaba el culo.
El sexo como vía de escape.
Y la sangre llegó cuando imaginé mil Paolas en mi cuarto.
¡Dios mío! ¡Cuánto la echaba de menos!
Seguía pensando mucho en ella.
Demasiado reciente todo.
Deberían también operarme contra la paolitis.
Le cuento esta historia a la enfermera.
Me da la mano mientras la operación continúa.
Al acabar, me aconsejan estar un mes sin prácticas sexuales.
Les digo que no pienso tenerlas nunca más.
Se ríen de mí.
Yo me marcho directo a mi casa.
Joder, Paola, lo que me estás haciendo sufrir.
Necesito un abrazo de alguien.
Miro a la gente por la calle.
Me pregunto cuántos tienen el corazón roto.
Me pregunto cuántos la la polla cosida.

Mario Miret (ocurrido abril 2016)


lunes, 11 de junio de 2018


LA CHICA DE LA TORRE DEL ORO

No prometió que volveríamos a quedar. Ni siquiera que volveríamos a vernos. Ella seguía besándome mientras yo confiaba en lograr que esa noche no se quedara en la última. Así se lo repetía, una y otra vez, tras cada beso desenfrenado, oye Elisa, oye, de verdad, ¿no crees que sería posible que volviéramos a encontrarnos de nuevo otro día?
_No sé – me contestó - ¡Jo, Mario, lo siento! Pero es que no lo sé.
Nos despedimos en su portal y luego me marché con su aliento todavía fresco en la garganta. Desde entonces ha rechazado todas las invitaciones que le hice por volver a repetir una noche como aquella. Y, mira, si te soy sincero, sigo pensando mucho en ello.
_Lo siento, hijito, pero a esa chica no le gustas – me dice mi madre al contarle la historia.
En el trabajo digo que estoy enfermo y me voy unos días a Madrid. Allí le cuento lo sucedido a una amiga.
_¿Y dónde está el problema, Mario?
_Para mí aquello fue genial.
_Pues lo siento, amiguito, pero a esa chica no le gustas.
Repaso fotograma a fotograma cada secuencia de mi noche con Elisa. Pienso en sus pestañas, en la punta de su nariz, los dedos de sus manos. Qué recuerdos tan extraños.
En Madrid conozco a una chica y me invita a una cerveza. Durante la conversación le cuento mi noche con Elisa.
_Y no paro de plantearme por qué no ha vuelto a quedar conmigo. ¿Tú qué piensas?
_Yo no pienso nada. Solo quería ligar contigo y no paras de hablar de esa tal Elisa. Eres tonto, chavalito, a esa chica ni siquiera le gustas.
Madrid es una mierda y cojo un coche rumbo a Sevilla. Al conductor le hablo del humor de Elisa, su poderío feminista, sus delirantes dudas sobre el porvenir.
_Siento ser yo quien te lo diga, coleguita, pero a esa chica no le gustas.
Llego al hostal y me meto en la cama. A lo lejos se ve la Torre del Oro. Elisa está encima de ella, radiante, gritando sin parar:
_¡Todos se equivocan, Mario! ¡Me gustas! ¡Me gustas mucho!
Yo sonrío y le lanzo besos. Muchos besos.
Y con esa imagen bailando en mi cabeza me voy quedando dormido. La voz de Elisa sigue resonando desde la Torre del Oro.
Me gustas, Mario.
Me gustas mucho.
Mario Miret (ocurrido en mayo del 2018)

jueves, 7 de junio de 2018


EL ARTE DE FOLLAR
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¿Sabes cuando follas pero realmente estás con ella en el cine?

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¿O cuando follas y solo estáis hablando juntos en su portal?


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¿O cuando follas pero solo te sientes bien porque ella celebra un gol de su equipo!
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¡Joder, encima le gusta el fútbol!
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¿Sabes eso de follar pero no estar follando?
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¿Eso de no hacer nada y a la vez estar haciéndolo todo?
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¿O cuando follas pero esta vez estás follando de verdad y
te das cuenta de que estáis haciendo el amor
porque ya no distingues su piel de la tuya?
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Mario Miret (escrito sobre alguien en febrero de 2015)

martes, 5 de junio de 2018


Volví. Volví como vuelven los viejos rockeros a esos escenarios que tanto les echaron en falta. El mismo hedor repugnante que ya se respiraba incluso antes de abrir la puerta del bar. Volví, volví porque es probable que nunca me hubiera ido del todo.

_ ¿Mario Miret? ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Se puede saber qué te trae de nuevo por aquí? _ me preguntó la camarera.

_ Lo que a todos, Noelia: la vida. En fin, ¿cómo va todo por el bar?

_Seguimos en las mismas, Mario. Ya nunca viene nadie. Por allí andan Cortés y Boby intentando colar a alguien esa porquería que escriben.

_ Lo hacen lo mejor que pueden, Noelia No seas así.

No había nadie más en aquel viejo antro salvo Cortés y Boby. Parece ser que se alegraron de verme, se levantaron y me abrazaron. Entonces me preguntaron por mi vida durante aquel último año.

_ Estuve viviendo algún tipo de aventura de la que pronto escribiré.

_ Eh, Mario, eh, tío, puedes contar con nosotros para lo que sea. Aquí siempre estaremos tus amigos.

_ No creo en la amistad, Boby. No me vengas con esas.

Boby tenía nombre de perro. Boby era un gilipollas.

Noelia se acercó y me sirvió un tercio. Le pregunté sobre las chicas que antes pasaban las tardes en el bar. Le pregunté por María, Cristina y Teresa. Le pregunté por las mellizas del padre pirata. Le pregunté por las chicas de veintiocho. También lo hice por las de dieciséis.

_ Nada, Mario. Pasan las tardes en la playa o la montaña. Llaman a sus novios y van al río a tirar piedras y comer sándwiches envasados.

Salí a la terraza del bar. Desde allí contemplé toda la cordillera mediterránea. Las olas chocaban contra las rocas y el agua salpicaba a los enamorados que se besaban en el puerto. Era genial. Entonces vi que Cortés y Boby salían detrás de mí. Se sentaron a mi lado. Eran buenos chicos. Idiotas, pero buenos chicos.

_ Esta noche salimos, Mario. Tenemos que celebrar que estás de vuelta –dijo Boby.

_ Parece ser un buen plan.

_ ¡Claro que lo es! Conocí a nuevas chicas, ¿sabes? Deben de estar al caer. Tienen pensado venir en un rato. Puedo presentarte a todas las que quieras. Cortés también estaba aquel día. Puede decírtelo él. Eran de lo mejorcito ¿eh, amigo?

Pero Cortés casi nunca hablaba. Solo hacía que beber. Bebía más que nadie. Escribir también se le daba bien, solo que lo que mejor se le daba sin duda era empinar el codo. En esas, salió Noelia a servirnos más cerveza.

_ ¡Eh, Noelia, eh, escucha! Hoy tenemos pensado salir para celebrar que Mario vuelve a estar con nosotros. ¿Te vienes, tía? ¡Va a ser la hostia! –dijo Boby.

_ ¡Y tanto que me gustaría, chicos! Pero hoy tengo planes.

_ ¿Planes? –la interrumpí exaltado. -¿Cómo qué planes? ¿Qué tipo de planes tienes tú?

_ Bueno verás, Mario. Luego he quedado con un chico. No es nada, ¿sabes? Quiero decir, solo nos estamos conociendo.

_ No, no, pero no puede ser. Tú nunca has sido de esas. A ti no te gusta conocer a la gente. Eres como yo. Siempre lo has sido. ¿Qué coño te pasa ahora?

Noelia comenzó a ponerse nerviosa.

_ ¿Que qué narices me pasa? No, Mario, no. Aquí al que le pasa algo es a ti. Vuelves por aquí sin dar ningún tipo de explicación y encima te mosqueas si te digo que he quedado con un chico. Déjame hacer lo que me dé la gana y no te metas donde no te llaman.

Entonces dio media vuelta y entró en el bar golpeando con fuerza la puerta.

_ Noelia tiene razón, Mario. Cuéntanos, muchacho ¿dónde demonios te has metido durante el último año? _ preguntó el idiota de Boby.

Atardecía en la ciudad bajo el prisma veraniego del mediterráneo. Seguí un rato más con la mirada perdida en el horizonte y saqué la cartera del bolsillo de mi pantalón. La abrí y cogí la foto de carné de la chica con la que había pasado el último año. ¡Ay, Carlota! La miré y la rompí por la mitad.

_ ¿Que dónde demonios me he metido, Boby? Verás… yo también estaba comiendo sándwiches envasados en el río –y dejé que el aire echara a volar los dos trozos de foto rota.

Entonces Noelia salió otra vez del bar y nos avisó de que entráramos.

_ ¡Eh, rápido, chicos, entrad! Echan el baloncesto por la tele.

Entramos inmediatamente y nos juntamos los cuatro en la misma mesa. Era el europeo. Jugaba la selección. España perdía de dos. Yo perdía la cabeza. Carlota, ¿dónde diablos estarás?

_Mira, Mario, por ahí entran las nuevas chicas –dijo Boby señalando la puerta.

Tres mujeres rubias de piernas largas se nos acercaban. Junté unas sillas a la mesa.

_ Venid, podéis sentaros a mi lado –dije.

_ ¡Qué amable, chico! Jiji, jiji.

Yo di un largo trago a mi cerveza. De nuevo sonreí. La luna, todavía prematura, esperaba expectante. Yo también esperaba. Yo era aquel tipo de un año atrás. Yo era Mario Miret. Yo acababa de volver.